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Edición del 28 / 05 / 2026
               
28/05/2026 19:39 hs

La bandera de San Luis tendrá en Balerdi a su primer mundialista

San Luis - 28/05/2026 19:39 hs
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El defensor nacido en Villa Mercedes hizo historia al convertirse en el único futbolista puntano convocado a disputar una Copa del Mundo con la Selección argentina. Desde el interior más profundo, con talento, disciplina y el sostén de los afectos, se puede tocar el cielo con las manos.
La historia del deporte de la provincia ha quedado sellada con letras de oro. Tras la oficialización de la nómina definitiva de la Selección argentina Mayor, el defensor central Leonardo Balerdi, nacido y criado en Villa Mercedes, se transformó de manera oficial en el primer futbolista sanluiseño de toda la historia en ser convocado para disputar un Mundial.

Este anuncio marca un hito sin precedentes para la provincia. Si bien la tierra puntana ha visto nacer y crecer a grandes futbolistas que vistieron con orgullo la camiseta albiceleste en la Selección Mayor, las circunstancias del destino privaron a las generaciones anteriores de pisar la máxima cita ecuménica. Con su inclusión en la lista de los elegidos, el actual defensor y capitán en el fútbol europeo quiebra una barrera histórica y asume la responsabilidad de llevar el estandarte de San Luis ante los ojos del planeta entero.

El logro de Balerdi adquiere una dimensión mucho más profunda cuando se entiende el recorrido previo. Antes estuvieron los pioneros, los cracks y los que quedaron a las puertas.

Como Ramón Felipe Moyano, nacido en Villa Mercedes en 1926, el hombre que desafió el centralismo porteño para transformarse en uno de los primeros jugadores del interior en vestir la camiseta argentina.

El 7 de julio de 1957 jugó un partido histórico frente a Brasil en el Maracaná, la noche en la que debutó Pelé con la Verdeamarela. Argentina ganó 2 a 1 y Moyano quedó para siempre en la memoria del fútbol nacional.

También aparece el recuerdo imborrable de Juan Gilberto “El Búfalo” Funes, símbolo eterno del fútbol puntano. Su potencia, su carácter y sus goles decisivos lo llevaron a la Selección Mayor y a la gloria continental con River Plate, aunque diferentes circunstancias le impidieron integrar una lista mundialista.

Y más cerca en el tiempo surgió Facundo Quiroga, defensor de enorme trayectoria internacional que participó en Eliminatorias Sudamericanas y Copas América, pero que tampoco logró ingresar en una nómina definitiva para una Copa del Mundo.

El zaguero nacido el 26 de enero de 1999 en Villa Mercedes carga sobre sus hombros algo más grande que una convocatoria personal: representa el sueño acumulado de generaciones enteras de futbolistas puntanos.

Sus primeros contactos con la redonda se dieron en las canchas de tierra y césped ralo del Club Sportivo Pueyrredón, en su querida Villa Mercedes. Allí, quienes lo veían jugar los sábados por la mañana notaban que había algo diferente.

No era solo su llamativa estatura o su zancada elegante; era su capacidad para leer el juego. Curiosamente, en sus inicios se desempeñaba como mediocampista central, un "5″ clásico de buen pie encargado de la distribución. A los 14 años, los captadores de talentos del Club Atlético Boca Juniors vieron en él las condiciones ideales para proyectarlo a las grandes ligas.

Dejar Villa Mercedes a esa edad implicó un golpe durísimo de desarraigo: la pensión del club, la distancia de sus amigos de la infancia y las frías noches extrañando el pago.

Fue en las inferiores del club de la Ribera donde el ojo clínico de los entrenadores juveniles decidió retrasarlo unos metros en el campo. Pasó de volante central a defensor zaguero, un puesto donde su técnica para salir jugando bajo presión y su imponente timming aéreo lo hicieron escalar categorías a velocidad luz.

Detrás de la armadura del jugador profesional que disputa partidos ante estadios colmados en Europa se esconde el corazón de una familia villamercedina trabajadora que fue, es y será su único y verdadero refugio. Hijo de Flavio Balerdi y de María Marta Rosa, tiene dos hermanos, Bernarda y Luciano. Ellos, son los arquitectos invisibles de este presente mundialista.

Los Balerdi conocen de primera mano el sacrificio. Para que "Leo" pudiera sostenerse en Buenos Aires durante sus años formativos en Boca, la familia debió ajustar presupuestos, acumular kilómetros en viajes interminables por las rutas argentinas para verlo apenas unas horas el fin de semana y contenerlo emocionalmente a través del teléfono cuando el cansancio o la duda amenazaban con hacerlo armar las valijas de regreso.

En su casa de Villa Mercedes nada cambió. Cuando "Leo" vuelve en los recesos europeos, la rutina vuelve a ser la de aquel pibe: el asado en familia, los mates largos con sus padres, las charlas sin cassette con sus hermanos y el cariño de los vecinos del barrio que lo vieron crecer. Es esa base sólida de amor y humildad la que le permitió asimilar el salto a la fama sin perder el eje.

El debut de Balerdi en la primera de Boca en 2018 fue tan meteórico que apenas disputó 5 partidos oficiales antes de que el Borussia Dortmund de Alemania desembolsara cerca de 16 millones de dólares por su pase. Tras un lógico período de adaptación al rigor físico e idiomático de la Bundesliga, el defensor buscó continuidad en una de las ligas más pasionales del mundo: la Ligue 1 de Francia.

En el Olympique de Marsella, Balerdi encontró su lugar en el mundo futbolístico europeo. En el mítico Estadio Vélodrome, ante una de las hinchadas más exigentes del continente, el sanluiseño forjó un carácter de acero. Su temperamento para los cruces al límite, su pulcritud técnica para iniciar los ataques desde el fondo y su madurez lo llevaron no solo a consolidarse como titular indiscutido, sino a heredar la cinta de capitán del equipo. Llegar a la Copa del Mundo portando el brazalete de uno de los gigantes de Francia habla de un jugador en la plenitud absoluta de sus condiciones físicas y mentales.

La confirmación de su citación no es una simple noticia deportiva. Las escuelas de fútbol base, los clubes de barrio y las ligas locales sienten la convocatoria de Balerdi como una victoria propia: la demostración empírica de que el talento del interior profundo puede sentarse en la mesa de la élite mundial si se acompaña con conducta, esfuerzo y contención familiar.

Cuando la delegación argentina camine por los túneles de los estadios mundialistas, la provincia de San Luis estará allí de cuerpo y alma. En cada quite, en cada cierre agónico y en cada salto al cielo de Leonardo Balerdi, estará el empuje de los más de 500 mil puntanos que hoy inflan el pecho de orgullo. El pibe que soñaba en Sportivo Pueyrredón ya rompió la historia; San Luis tiene, por fin, a su primer guerrero mundialista.

 EL CHORRILLERO

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