Ella estaba en un boliche de la localidad con una amiga. Su pareja llegó y se molestó porque hablaba con un amigo. Esa amiga de la damnificada intervino después para retirar a la víctima de la vivienda que compartía con el agresor. “¿Me podés sacar de acá?”, le rogaba la joven golpeada, mientras su pareja admitía: “Yo no me justifico, porque yo sé que estoy mal de la cabeza”.
B y G. son o eran novios desde hacía años. Y desde que la amiga de la infancia de B. conoce su relación con el joven sabe que en ese vínculo no había amor, solo golpes. Palizas de parte de G. a su pareja. Tanto que cuando la mujer veía al hombre parecía que estaba ante el mismísimo Satanás. A su vez, ella sentía que no podía escapar de esa vida de infierno y de su diablo. Algo que creía que era amor la hacía regresar y buscarlo una y otra vez aunque eso le costará dolor físico, psíquico y de todo tipo.
Pero la madrugada del domingo fue la última o, al menos, la vez que reunió el coraje para tomar sus pertenencias, irse de la casa en la que convivían y denunciarlo ante la Policía. Fue el último acto de violencia que hizo que B. le pidiera desesperadamente, llorando, con las lágrimas saladas que le hacían arder todavía más las lastimaduras de su rostro, a su amiga que por favor la rescatara de allí.
Había llegado al punto de retirarla a la fuerza del boliche de Buena Esperanza donde estaba, tomándola de los pelos la introdujo en su domicilio y descargó su furia contra ella, porque la había visto hablando con otro chico.
La agresión que sufrió la mujer de 20 años trascendió por un video que filmó la amiga que la auxilió. Si bien, al tratarse de un hecho de instancia privada la Policía no lo comunicó, El Chorrillero pudo confirmar que la víctima denunció al hombre de 24 años. En la causa intervino, en un principio, la Comisaría de Atención a la Niñez Adolescencia y Familia (CANAF). Pero, en lugar de ser remitida a la Fiscalía en lo Penal con intervención en Contexto de Género, Diversidad Sexual, Infancias y Adultos Mayores, a cargo de la fiscal Nayla Cabrera Muñoz, recayó en el Juzgado de Familia, Niñez, Adolescencia y Violencia Nº1 de Villa Mercedes.
La jueza de turno Mariana Sorondo Ovando aplicó, en consecuencia, una restricción de acercamiento mutua, es decir, el atacante no puede arrimarse a la joven, ni ella a él. No pueden estar a menos de 200 metros uno del otro en el lugar que sea, por el término de seis meses.
De acuerdo con lo que denunció en la comisaría de la localidad B. estaba en el boliche Factory. En un momento G. se presentó y molesto, porque la vio hablando con un amigo de su amiga, la sacó de allí. Le recriminó, durante todo el trayecto en auto desde el local bailable hasta su domicilio, qué y por qué dialogaba con otro muchacho.
Una vez en la casa, en la intimidad que dan cuatro paredes, la atacó cuanto pudo. De hecho, como ya sabía lo que le esperaba, B. se resistió un poco a entrar. Entonces, él la tomó de los cabellos y, a la fuerza, la hizo ingresar.
Al ratito llegó la amiga con quien estaba en el boliche. Sabiendo ya la escena con la que se encontraría, la mujer se preparó, se acercó a una abertura enrejada y empezó a filmar todo. Lo primero que se ve en el video es a la víctima, cubierta de lágrimas, con el hilo de fuerza que le quedaba le clamó: “¿Me podés sacar de acá?, ¿sácame de acá, por favor? Su rostro había empezado a hincharse y sus labios estaban ensangrentados. “¿Por qué le pegas?”, le reclamó la mujer a G. “Dice yo me junté con el Nacho y el Nacho se juntó con vos. Yo no hice nada”, respondió la víctima paralizada del miedo.
—El Nacho es mi amigo siempre se juntó conmigo —le señaló quien filmaba al agresor.
—Yo no me justifico porque yo sé que estoy mal de la cabeza —respondió el joven desde un rincón alejado del dormitorio.
—Si vos estás mal, entonces ¿por qué no dejas que ella sea feliz? —le planteó la amiga.
—Porque yo le digo que sea feliz y así pasó —contestó él.
—Vos sabes que yo siempre me junto de chiquita con ella. Yo siempre la ayudé. Es más, hay veces que me cansé de hablarle y no me metí más —le explicó la mujer para darle a entender que varias veces le insistió a la víctima que se alejara de ese hombre.
Mientras ellos hablaban, B. vaciaba los cajones de su ropero, donde tenía su ropa, y sacaba otras pertenencias, como un rizador de cabellos, para ponerlos en un bolso. En un momento de ese intercambio, el atacante le aseguró que él solía aconsejarle: “Juntáte con gente, trabajá, estudiá, hacé tus cosas, hacé tu vida, dejáme a mí”. “¿Sabes lo que pasa? Ella te quiere, porque una persona que aguanta todas estas cosas es porque te quiere. Entonces si tenés al lado a una mujer que te quiere ¿por qué le pegas? Yo me junto de chica con ella y siempre le pegaste vos”, le reprochó.
Dijo que le hacía de todo. “Cosas horribles, que cuando ella me las contaba a mí me dolían”, le reveló y le señaló que si estaba mal, como argumentaba, que le pegara “piñas a la pared, pero no a ella”.
—Porque no puedo —dijo G.
—¿Por qué no podes? ¿por qué vos lo viviste? Decí la verdad —le planteó, como si supiera de antemano muy bien sobre el ámbito familiar violento en el que creció el denunciado.
—Es mi vida —contestó el hombre.
—Es tu vida. Pero escuchá, si vos veías, ponéle, a tu mamá que tu papá le pegaba y vos sabes que es feo, ¿por qué se lo haces a ella? —le reclamó la joven.
—Yo estoy mal de la pu.. cabeza —reconoció G.
—Bueno, entonces, si vos estás mal dejála. Si ella te busca, porque es verdad yo sé que ella te ha buscado, no le des bola —le ordenó.
—Yo sé. Yo no me justifico por pegarle o no pegarle porque yo no estoy diciendo que esté bien, yo estoy diciendo que está mal —admitió una vez más.
—¿Y por qué lo haces? —preguntó la amiga.
—Pero es que yo no sé —afirmó.
— Si vos querés una buena vida para ella y si vos la amas como verdaderamente me estás diciendo, dejála que viva en paz. Porque te lo juro, cuando ella está sola está mejor. Ella te ve a vos y es cuenta que ve al diablo. Estaba conmigo lo más bien y se descompuso porque te vio —le insistió.
—Pero yo la dejo. Yo no la busco. Ella me buscó —contestó G.
—Decime ¿por qué llega a ese punto de tenerte ese miedo?, ¿por qué ella tiene la vara tan baja?, ¿por qué ella no se valora como mujer? Entonces si vos la querés dejála que ella se valore. Si ella te escribe vos no vuelvas —le dijo la mujer, tomó a la víctima y la acompañó a hacer la denuncia.