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jueves, agosto 11, 2022
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Como la vida misma

Iniciamos la columna de Marina Motta, quien es Terapeuta en Descodificación Mente Cuerpo y Alma y certificada en Mindfulness e Inteligencia emocional. Marina reflexiona de lo sencillo, de lo que nos atraviesa, de la vida con sus luces y sombras y te regala herramientas para que el sol entre por tu ventana y llegue a tu alma…

Mi nombre es Marina Motta actualmente estoy siendo Terapeuta en Descodificación Mente Cuerpo y Alma y Certificada en Mindfulness e Inteligencia emocional para Líderes Conscientes Universidad Siglo 21, trabajo con encuentros, acompañando, escuchando, y tratando de buscarle la vuelta cuando hay algo que nos inquieta.

Estoy siendo todo el tiempo, decir quién soy y qué hago puntualmente sería reducir el universo de los potenciales.

La idea de estos escritos es que podamos ponerle palabra y reflexionar sobre lo que nos pasa y lo que nos atraviesa como seres humanos.

Que podamos compartirnos y colaborar en el crecimiento con el otro.

No existe una verdad absoluta, no hay una receta y cada uno es un universo de posibilidades, sólo entrego estas palabras que me convocan a escribir, ojala sirvan de alivio, puente, conexión, compañía, abrazo, esperanza, aire o lo que sea resuene y necesites cuando las leas.

Lo hago desde un lugar de entrega profunda, dedicación , humildad y el amor que le pongo a cada cosa que hago en la vida.

Que tengas una buena vida

MARINA

Para que sucedan las cosas hay que hacer espacios.

Hacer espacios, tomarnos ese momento para nosotros debería ser una obligación impostergable.

Marcarlo en la agenda como una cita importante a la que no se puede faltar.

Un momento a solas, cara a cara con vos mismo, es incómodo, se siente raro, es la forma de acercarnos a nosotros mismos…

¿Te haces espacios?  ¿Te cuestionas? ¿Tenés charlas con vos? ¿Te conocés? Porque para saber lo que necesitas, querés, hay que cuestionarse a veces, se necesita tiempo, escucha y presencia.

La verdad es que a veces cuesta reconocernos en el espejo, si es que tenemos el tupé de mirarnos un rato.

Y es ahí donde surge la necesidad imperiosa de hacer espacios, de ser honestos y parar la pelota.

Dejar de esquivarnos y querer llenar los huecos.

A veces en esos  momentos aparece la frustración y el enojo que provoca dejarnos para después.

Llenarme de trabajo, esfuerzos sin medidas, correr a contrarreloj todo el día, querer hacer muchas cosas a la vez y como no llego me enojo otra vez y se vuelve una conducta rutinaria.

Hay espacios que son necesarios y que no tienen que estar llenos de cosas por hacer, a veces sólo necesitamos silencio para escuchar y sentir…

Cuánto más puedo sentir, más se aclara el panorama, la mente y  la comprensión empieza a transitar la vida.

A más comprensión, más atención puedo darme.

Entonces damos lugar, espacio, para que renazca la compasión y el amor que nos tenemos, y empezar a hacer las cosas de una manera mas orgánica, fluida, conectada y desde un lugar en donde estoy presente.

Repetir:
Todo está bien, todo sigue su curso, debería agendar más citas conmigo, no tengo que llenar todos los tiempos libres, hay que dejar de buscar que podemos hacer, el mundo sigue girando aún si no hay mas nada para hacer.
Poné un recordatorio que diga :
Hacé la plancha
Soltá el control
Respirá profundo
Time out
¿Qué sucedió?
¿Cuántos espacios hay en tu vida?
¿Quién tiene las riendas?

Marina Motta
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